El arte como una vía para la expresividad juvenil, una herramienta de transformación social y una alternativa para el trabajo en la línea de prevención de la violencia y delincuencia entre los jóvenes es la visión que guía a las tres organizaciones que integran actualmente la red Maraca.
El nombre, un diminutivo para Movimiento de Arte Comunitario de Centroamérica, proviene del deseo de los integrantes de reunir a una ‘mara artística’ centroamericana, cuyo propósito es “tejer un entramado de seres humanos que sobrepasen las barreras que someten a la población y especialmente a la juventud, a la exclusión y discriminación, potenciando la diversidad cultural y promoviendo el arte como medio para transformar la realidad social y el espíritu humano”, explica Erika Domínguez, coordinadora de comunicaciones de Tiempos Nuevos Teatro, ONG de El Salvador, que junto a sus similares Caja Lúdica, de Guatemala, y Arte Acción, de Honduras, compone la red.
“Cada país conoce las maracas, como parte de la cultura popular. Suenan en los conjuntos musicales, acompañan rituales y celebraciones, marcando el compás de las acciones. Existe una gran diversidad de maracas, según cada país o región, pero todas tienen algo en común: suenan fuerte”, dice Erika.
El objetivo de las organizaciones que integran la red es compartir e intercambiar experiencias y metodologías de trabajo. “Tenemos diferencias, pero nos une el compromiso con la transformación social”, completa Dorian Bedolla, uno de lo dirigentes fundadores de Caja Lúdica.
Las maracas se transforman así en el símbolo del movimiento de organizaciones artistico-culturales que enfocan su trabajo en el arte comunitario en áreas rurales y urbanas de la región, y expone las voces de los y las jóvenes haciendo visible su potencial creativo y transformador de manera lúdica.
Intercambio artístico dentro y fuera del certamen
Por ello, una de las actividades principales del Festival Artístico Chalateco, realizado entre los días 27 y 30 de noviembre últimos, en el municipio de San Antonio de Los Ranchos, en El Salvador, fue la realización de
El festival recibió a casi un centenar de jóvenes representantes de las organizaciones de Guatemala, Honduras y El Salvador, reunidos ahí para celebrar un intercambio de arte y cultura.
“Ha sido un encuentro muy lindo, la gente ha sido muy querida en Los Ranchos. Me gustó la armonía, el compañerismo y el amor que se le pone a la escena. Nos vamos con ganas de volvernos a ver y trabajar juntos”, expresa Víctor Leiva, acróbata de 21 años de Caja Lúdica.
El festival –una iniciativa sin referentes similares fuera de la capital salvadoreña- es realizado hace 11 años por TNT, y en esta edición se presentaron espectáculos de artes escénicas y talleres artísticos, que incluyeron escritura creativa, expresión musical, artesanías, muralismo, clown y danza, así como la presentación de videos sobre la historia del Chalatenango.
Para Douglas Alonzo, responsable del área audiovisual, diseño gráfico y muralismo de Arte Acción, el arte comunitario tiene gran importancia en países marcados por la violencia: “He trabajado directamente con pandilleros, activos, ex miembros de pandillas y con jóvenes que todavía no han ingresado. Con los que ya están metidos es muy difícil pero con los que todavía no están involucrados en ninguna actividad violenta es una alternativa para que se distraigan y busquen otra alternativa de pasar el tiempo”.
Además, debido a la violencia que afecta a muchos de los jóvenes asistentes, los organizadores optaron por hospedar a los visitantes en casas de familias de Los Ranchos, una comunidad con una gran historia de supervivencia.
“Normalmente a uno lo meten en un hotel y no ve más; aquí no hay, pero además nos interesaba que como muchos de estos muchachos que vienen de un entorno urbano o semi urbano, con dramas de familia muy grandes, pues queríamos mostrarles que hay otra realidad, con otras durezas pero también con ternura”, señala Bedolla.
Lo que es confirmado por la facilitadora comunitaria Lourdes Ramírez, de 27 años, que sintetiza el espíritu del festival: “Ha habido diversidad de países, jóvenes e ideas; la acogida en hogares fue muy linda, y fue muy divertido descubrir habilidades que no teníamos. Yo estuve en el taller de escritura poética y me descubrí, no pensé que pudiera escribir eso”.
* Reportaje publicado por: www.comunidadesegura.org

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