miércoles 20 de febrero de 2008

En la Cima del Cerro

Son las 4:30 de la mañana, no recuerdo en que momento empecé a caminar en compañía de la niebla, me dirigía sin saberlo a lo que llamaría un instante. Hacía frío y me sentía un poco nervioso, poco a poco comencé a reconocer a los otros, que al igual que yo viajaban a algo desconocido, grande y misterioso...

Conforme pasó el tiempo, al ritmo de un silencio macabro de pájaros murmurando, disipando entre la niebla nuevos rasgos de una parte de mí que no conocía, me integraba en el barro del cerro, en los árboles que me miraban y no decían nada; inhalando conciencia me arrastraba entre hojas secas, respirando la tierra, escalaba una y otra vez el cielo...


La luna brillaba en nuestros ojos, el fuego nos hablaba de sus historias y sus victorias, mientras el aire palpitaba fuertemente en el corazón. La tierra nos soplaba a los oídos una melodía de nostalgia, un grito-temblor llenaba nuestro espíritu, que buscaba en las alturas alguna revelación animal, un mundo paralelo de granito, algún zenote galáctico que nos condujera por el inframundo de nuestros laberintos existenciales...

Esa noche en el cerro, fue la primera vez que vi un concierto lunar, era el inicio de un nuevo ritual, comenzaba el tiempo del cargador Iq´ y el cerro Chusq´arbal vibraba en el inconsciente...

Samuel Ochoa